El efecto Pigmalion

¿QUÉ ES EL EFECTO PIGMALEÓN?

¿Sabías que está demostrado que si esperas buenos resultados de tus hijos es más probable que tus hijos obtengan buenos resultados? De forma involuntaria estamos influyendo en el rendimiento de nuestros hijos. Esto es lo que se conoce como efecto pigmalion.

La confianza en tus hijos es esencial para poder acompañar a tus hijos de manera eficaz y para educarles en el cariño.: (i) Si tú crees en ellos ellos creerán en si mismos, reforzando su autoestima.; (ii) Confiar en tus hijos te va a permitir que ellos confien en ti y cuenten contigo para acompañarles en su desarrollo personal. 

Si alguien nos valora, nos anima o considera que somos capaces de alcanzar determinados objetivos, estará contribuyendo a que generemos lo que se conoce como creencias que potencian, es decir, creencias positivas acerca de nosotros que nos permiten alcanzar los objetivos y aumentan nuestro rendimiento. En cambio, si, por el contrario, una persona no es capaz de percibir buenas habilidades en nosotros o simplemente no confía en nuestras capacidades para alcanzar aquello que deseamos, contribuirá negativamente en nuestra autoestima y por supuesto en nuestra capacidad para conseguir lo deseado, generando así unas creencias que tendrán un carácter limitante.

El efecto pigamalion ha sido demostrado en las aulas, en referencia a la influencia que los profesores ejercen sobre sus alumnos. El rendimiento del alumno o alumna en muchos casos queda condicionado por las expectativas que cada profesor deposita sobre él o ella. Por lo tanto, debemos ser especialmente conscientes de la influencia que generan nuestras expectativas en los niños. 

El efecto pigamlion en casa sucede cuando las expectativas que tienes sobre la capacidad y habilidades de tu hijo o hija son muy bajas o altas, en ese caso, según el efecto pigmalion tu hijo o hija ser vería tal y cómo tú lo ves. 

"Cuando etiquetamos a nuestros hijos conseguimos que su conducta nos acabe dando la razón"

En este sentido debemos tener especial cuidado con las «etiquetas». Si por ejemplo detectamos que nuestro hijo o hija está teniendo una conducta poco adecuada del uso de internet, y le decimos: «Eres un irresponsable», ¿Qué crees que consigues? ¿Crees que consigues motivarlo a ser más responsable en su uso en las redes?  Cuando afirmamos categóricamente sobre su ser, sobre cómo es él, diciendo que es un irresponsable, le estamos etiquetando: «Eres un irresponsable». 

Cuando etiquetamos a nuestros hijos conseguimos que su conducta nos acabe dando la razón, efectivamente si ya asumimos que nuestro hijo o hija es una irresponsable, seguirá siendo un irresponsable, porque está etiquetado, está en ese lugar, la posibilidad de que lleguemos a etiquetarlo como responsable para nuestro hijo o hija está tan lejos que verá ninguna motivación para conseguirlo. 

No espero que le digas que qué responsable es cuando su conducta ha sido inadecuada, no se trata de eso, se trata de que no lo etiquetes con su ser, habla de su conducta desde el cariño y sin juicio: «Cariño, entiendo que tengas ganas de describir o de experimentar y eso es muy valioso porque estás creciendo  y necesitas vivir diferentes situaciones, pero me preocupa esto que has hecho porque creo que te puede perjudicar en tu vida, imagina qué ocurriría si…. «. En este caso ¿Qué ocurre? ¿Se siente nuestro hijo o hija como un irresponsable? No, se siente comprendido en que necesita experimentar o descubrir y que eso se le valora, pero se siente a su vez querido y acompañado porque estamos preocupados por lo que pueda sucederle si sigue con esa conducta, conseguimos reforzar su autoestima y que le llegue nuestro mensaje de preocupación y momento de reflexión para futuras ocasiones. Al final lo que estamos haciendo es empoderarle y acompañarlo. 

"Se auténtico, confía en tu hijo o hija, no le etiquetes ni en tus pensamientos"

Te pido que sea auténtico, que empieces a confiar en tu hijo o hija, a no etiquetarle ni en tus pensamientos. No se trata sólo de comunicación verbal, a pesar de que en muchas ocasiones pensemos que no lo estamos diciendo, nuestros hijos son capaces de notar nuestros pensamientos sobre ellos. Muchas veces el contacto visual, y la manera de dirigirte a ellos revelan más de ti que lo que dices. La forma de transmitir esas expectativas tiene que ver con el comportamiento de tratar a los demás. 

Sin embargo, podemos usar este efecto a nuestro favor. Si en vez de pensar que tu hijo o hija tiene bajas capacidades, piensas que él si que puede y se lo reconoces delante de más personas puedes potenciar que tenga mayor confianza en el ánimo y acabe mejorando no sólo su rendimiento sino también su autoestima. 

 

No se trata de mentirle sobre algo que no existe sino de crear un ambiente más motivador en el que seas capaz de alimentar ese esfuerzo y esa preocupación que tienes sobre su desarrollo, para ello necesitas estar atento a cualquier avance que haga. Por ejemplo, quizás no se le dan mal las matemáticas, seguro que hay alguna parte que lleva algo mejor y eso es lo que tienes que valorarle y animarle. 

No se trata de aumentar su capacidad de forma mágica, ni de ser un iluso y ponerle metas demasiado inalcanzables, sino más bien de llevar al máximo ese potencial que él o ella ya tenía. Si tú crees en ellos, ellos creerán en si mismos. Este efecto incrementa aún más si tú tienes una autoestima positiva, ya que eso inspirará a tu hijo o hija a tenerla también. 

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